El occidente sionista ya no tiene sentido

Eso que el autor de este artículo identifica como “Occidente” y que eleva como “lo mejor”, en un alarde de a-historicidad, se acerca a su fin. Sin prisa, pero sin pausa. Para la dialéctica no hay “excepcionalidad” que valga; tampoco, Europa singular. Lo que identifica a la simbiosis romano-bárbara y a los que usurparon el territorio norteamericano saliendo de uno de sus vientres monárquicos, es el sionismo. Es precisamente la perversa alianza sionista, euro-estadounidense-israelí, la que hoy confronta el principio de su fin. Con ella, las decadentes monarquías takfiristas que manipula la dinastía Saudí y ese engendro al que juntos incubaron y bautizaron como Estado Islámico, Daesh o ISIS. Será la acción militar conjunta sirio-rusa la que acabe con éste. Sus padres putativos se acabarán por las propias contradicciones que les son inherentes al modelo económico que impusieron a sus pueblos y al resto del mundo por encima de cualquier racionalidad: propiedad privada, mercantilismo, egoísmo individualista, consumismo, depredación de la naturaleza. Al modelo político sustentado en la imposición del terrorismo militar, biológico, genético, cibernético. Al modelo ideológico-cultural destructor de los cimientos de la cultura y la civilización humana en nombre de un Dios maniqueo y sádico que los habría “elegido” para la construcción de su “pueblo universal”. Ese imperio jesuítico-sionista no fue nunca “lo mejor” ni lo “menos malo”. Fue lo peor que pudo ocurrirle a la humanidad y a la historia. Y los europeos son su punto de partida. Los estadounidenses (que el autor confunde con los americanos) son también europeos: genética, religiosa y culturalmente. Nada histórico puede eximir a los europeos del “viejo continente” (principalmente ingleses, españoles, portugueses, franceses, italianos, belgas, alemanes), y a los  europeos de EEUU, de la barbarie que significaron y significan para la humanidad. La pretendida hegemonía sobre el mundo los ha identificado siempre. No se trata de los “Estados Unidos” (que al fin y al cabo es sólo un nombre). Se trata de las dinastías y sectas templarias, iluministas, rosacrucianas y masónicas vertebradas por el catolicismo, por el protestantismo y unificadas, finalmente, por el jesuitismo. Es esta hegemonía la que ha iniciado su fin. Repito: La del imperio euro-estadounidense-israelí. No se ha “acabado” aún. Pero es inexorable. No tiene sentido afanarse en establecer distancia alguna entre europeos y estadounidenses. No es posible “cortar lazos” cuando se trata de un único cordón umbilical. (rr)

 

Source: La defensa de occidente ya no tiene sentido

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Acerca de alizorojo

sociólogo y educador peruano. Posdoctorado en Filosofía, política e historia de las ideas.
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Una respuesta a El occidente sionista ya no tiene sentido

  1. alizorojo dijo:

    Reblogueó esto en alizorojoy comentado:

    Eso que el autor de este artículo identifica como “Occidente” y que eleva como “lo mejor”, en un alarde de a-historicidad, se acerca a su fin. Sin prisa, pero sin pausa. Para la dialéctica no hay “excepcionalidad” que valga; tampoco, Europa singular. Lo que identifica a la simbiosis romano-bárbara y a los que usurparon el territorio norteamericano saliendo de uno de sus vientres monárquicos, es el sionismo. Es precisamente la perversa alianza sionista, euro-estadounidense-israelí, la que hoy confronta el principio de su fin. Con ella, las decadentes monarquías takfiristas que manipula la dinastía Saudí y ese engendro al que juntos incubaron y bautizaron como Estado Islámico, Daesh o ISIS. Será la acción militar conjunta sirio-rusa la que acabe con éste. Sus padres putativos se acabarán por las propias contradicciones que les son inherentes al modelo económico que impusieron a sus pueblos y al resto del mundo por encima de cualquier racionalidad: propiedad privada, mercantilismo, egoísmo individualista, consumismo, depredación de la naturaleza. Al modelo político sustentado en la imposición del terrorismo militar, biológico, genético, cibernético. Al modelo ideológico-cultural destructor de los cimientos de la cultura y la civilización humana en nombre de un Dios maniqueo y sádico que los habría “elegido” para la construcción de su “pueblo universal”. Ese imperio jesuítico-sionista no fue nunca “lo mejor” ni lo “menos malo”. Fue lo peor que pudo ocurrirle a la humanidad y a la historia. Y los europeos son su punto de partida. Los estadounidenses (que el autor confunde con los americanos) son también europeos: genética, religiosa y culturalmente. Nada histórico puede eximir a los europeos del “viejo continente” (principalmente ingleses, españoles, portugueses, franceses, italianos, belgas, alemanes), y a los europeos de EEUU, de la barbarie que significaron y significan para la humanidad. La pretendida hegemonía sobre el mundo los ha identificado siempre. No se trata de los “Estados Unidos” (que al fin y al cabo es sólo un nombre). Se trata de las dinastías y sectas templarias, iluministas, rosacrucianas y masónicas vertebradas por el catolicismo, por el protestantismo y unificadas, finalmente, por el jesuitismo. Es esta hegemonía la que ha iniciado su fin. Repito: La del imperio euro-estadounidense-israelí. No se ha “acabado” aún. Pero es inexorable. No tiene sentido afanarse en establecer distancia alguna entre europeos y estadounidenses. No es posible “cortar lazos” cuando se trata de un único cordón umbilical.

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