Colombia: La paz del paramilitarismo USA

Colombia: La paz del paramilitarismo USA

rubèn ramos

En un artículo mío de  julio de 2016, ante el anuncio del cese al fuego y del proceso de paz en Colombia, hice una apretada revisión a la historia reciente de violencia y de terror en ese país. Frente al anuncio dije: “Que a nadie le quepa duda alguna del sentido y significado del “cese al fuego” o de la posible “paz” que santificó el Papa jesuita, avalaron los Gorvachov de Cuba, y celebran al unísono: la derecha decadente; la “nueva” que ya se insinúa en los cuatro socios de la Alianza del Pacífico; la izquierda neoliberal de aquí y de allá a través de sus medios y de sus connotados mentores; las inefables ONG diestras para la pesca en río revuelto y hábiles en la manipulación de intereses y expectativas populares y en la sedición que les permite medrar ad-infinitum. Y agregué: “Este no es el último día de la guerra, sino el inicio de una más larga y terrible. No es el inicio de la Paz en Colombia sino el comienzo de Paz Colombia como continuidad del que se llamó por 15 años Plan Colombia”.

Aludía aquí al acuerdo llamado Paz Colombia firmado entre Obama y Santos en febrero de 2016 en la conmemoración de los 15 años del Plan Colombia como “un nuevo capítulo” de este Plan. Al autor de la nota que adjunto se le olvidó este dato.

Confunde igualmente los hechos al decir  que las bases militares sionistas estadounidenses en territorio colombiano “le dieron la estocada final a los intereses norteamericanos en territorio colombiano”. Lo que le dieron es el control de ese territorio convirtiendo a Colombia en un “Estado fallido” a expensas de la Seguridad Nacional Estadounidense, el Comando Sur, la IV Flota, la CIA, la DEA, el FBI para operar sobre América latina.

Confunde también el sentido y significado del Plan Patriota y Seguridad Democrática 2003-2008 del ex-presidente Álvaro Uribe por cuanto si bien se decía que era para “reducir a la guerrilla”, lo que ocultaba era que esta reducción la harían los paramilitares del mercenario Mancuso (alias Triple Cero), socio de Uribe y ahora protegido por EEUU.

El Plan Patriota legalizó el combate de los paramilitares contra las guerrillas asegurándoles el contrabando de armas y la impunidad. En este sentido, no es acertado decir que con el “Acuerdo de Paz” se propicia el “resurgimiento del paramilitarismo” porque fue durante el gobierno de Uribe y de Santos, como su ministro de Defensa, que el paramilitarismo amplió su poder y desplazó a las FARC de las zonas que controlaba y donde protegía los cultivos de hoja de coca. En esas zonas es donde actualmente el paramilitarismo ejerce el poder y maneja la producción y el comercio de la cocaína y desde donde, en alianza con las fuerzas militares de las bases militares y las empresas privadas para la guerra, ha asumido “el dominio público de la seguridad nacional en Colombia”. Para consolidar este dominio los paramilitares tienen carta blanca para exterminar lo que queda de las FARC (incluyendo sus dirigentes, allí donde se encuentren) y sus “bases sociales”.

Aparte de los crímenes selectivos, esta “limpieza” sólo es cuestión de tiempo y se hará extensiva por hambre, sed, enfermedades a las comunidades campesinas y nativas.

Paralelamente, ya está en acción, la  “reconstrucción” que viene después del “shock”. Esto es, la “reconstrucción” de la nueva Colombia en nombre de la Paz pero en manos de los organismos financieros (FMI, BM, BID, USAID) que siempre estuvieron en Colombia y de sus socios: las grandes corporaciones industrial financieras del sionismo para “desarrollar” la infraestructura, el comercio, el turismo, la energía, el petróleo, los recursos forestales, el agua y el mercado de las nuevas generaciones. Asegurando el narcotráfico, el cohecho  y la corrupción.

Mientras tanto, las ONG siguen multiplicándose. También en nombre de la paz, los derechos humanos, la perspectiva de género, los derechos de los LGTB y otras especies y ficciones. Por supuesto, con financiamiento de las agencias para la sedición y el terror dependientes del Departamento de Estado y del Congreso estadounidense (USAID, NED, NDI, Freedom House, IRI); de las agencias de los países europeos, de Israel, de Corea del Sur, de Japón, de Australia, de Noruega, de Canadá. Y con el beneplácito de la ONU y la OEA que se congratulan que en Colombia se asegure, por fin, al peón para cercar e invadir Venezuela, así como Chile y Perú lo están para Bolivia y Ecuador y México para Cuba. No cabe duda, la paz en Colombia no es más que otro lucrativo negocio para quienes han hecho del terror y del narcotráfico un mercado “global”.

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Acerca de alizorojo

sociólogo y educador peruano. Posdoctorado en Filosofía, política e historia de las ideas.
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